Fundación del Empresariado Chihuahuense, A.C.

Formando comunidad

¿Por qué y para qué RSE?

En un mundo globalizado, donde las empresas tienen un poder de influencia indiscutible, prevalecen una infinidad de problemas sociales y se operan modelos económicos poco útiles para resolverlos. En este escenario, asumir el concepto de empresa como una organización que hace buenos negocios, no es suficiente, es necesario que la empresa construya ciudadanía.

Además de célula económica, la empresa es una célula social que está formada por personas y para personas. Más allá de crear empleos y generar riqueza; multiplica actitudes, hábitos y realidades.

Se encuentra inserta en la comunidad por lo que su desempeño depende de la salud, la estabilidad y la prosperidad del entorno en el que opera. Si se corresponsabiliza del desarrollo social y humano de quienes le integran y le rodean, impulsa la permanencia de su negocio en el largo plazo. Sus fines económicos no deben, por tanto, contravenir su función social, ni ésta a su vez, contraponerse a aquellos; la única manera de hacerlos coincidir es actuando con responsabilidad social.

Si anteriormente para generar credibilidad y lealtad en los mercados era suficiente que las empresas se orientaran a crear reputación por su productividad y calidad de sus productos y servicios, hoy es todavía más importante construir y mantener confianza. La confianza determina la prosperidad económica de una organización y hace viable el desarrollo de sus planes de negocio. Cuando los integrantes de una empresa están comprometidos con la actuación socialmente responsable de su institución, la capacidad para construir y mantener confianza de su compañía se fortalece. Por esta razón la manera en que una empresa se comporta ante colaboradores, accionistas, consumidores, proveedores, autoridades, competidores, y comunidad en general, es clave para alcanzar la competitividad.


Italo Pizzolante, presidente fundador de la empresa Pizzolante Comunicación Estratégica y miembro del equipo asesor externo del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington, resume esta reflexión de la siguiente manera:

“Hoy se compite en una vitrina. El consumidor recorre el pasillo y en cada anaquel toma la credibilidad de una empresa por una vez; la diferencia para tomarla por una segunda vez es que confía en ella y la confianza radica no sólo en la calidad de ese producto o servicio sino en el desempeño integral de la organización. Si la empresa no es congruente, en la práctica el consumidor lo nota y castiga y los productos y servicios salen del mercado. Entonces más allá de preocuparse por los productos que fabrica la empresa hay que ocuparse de la empresa que fabrica los productos”.

Una organización que se vuelve consciente de las expectativas de sus involucrados y decide por convicción propia, responder a ellas, emprende su camino en la responsabilidad social. Adopta entonces una actitud de mejora continua en los negocios, un modelo de trabajo y organización que le hace posible acrecentar su competitividad cumpliendo con las expectativas sociales, éticas, económicas y ambientales de sus participantes.

En México y en el mundo un número creciente de empresas han comenzado a integrar las prácticas socialmente responsables a su identidad institucional. Saben que hacerlo les permitirá orientar los esfuerzos individuales de sus empleados a objetivos comunes.

Conforme los chihuahuenses adoptemos una cultura de responsabilidad social contribuiremos a una mejor calidad de vida para todos. Por esta razón Fechac se ha dado a la tarea de impulsar la RSE en las empresas de nuestro estado.